Los primeros meses de cualquier gobierno suelen ser un periodo de ajustes, en el que se pone a prueba la capacidad de liderazgo de quien encabeza la administración y se revelan tanto las fortalezas como las debilidades de su equipo.
En el caso de Veracruz, la gobernadora Rocío Nahle García está enfrentando las primeras renuncias en su gabinete.
Ayer, Nahle anunció la salida de dos funcionarias: Nena de la Reguera, titular de la Secretaría de Turismo, y Adriana Muñoz Cabrera, directora de Prensa de la Coordinación General de Comunicación Social. Ambas renuncias, aunque justificadas oficialmente por motivos personales y aspiraciones políticas, ya tenían historias que impulsaban sus salidas.
Desde su designación, su falta de experiencia en el sector turístico generó dudas. La polémica más reciente, cuando admitió no conocer la importancia de la Cumbre Tajín, no hizo más que reforzar la percepción de que su nombramiento fue un desacierto.
Ignorante de cifras sobre los últimos periodos vacacionales en el estado en materia de turismo, en una entrevista, se atrevió a decir incluso que la Semana Santa en Veracruz iba a "estar muy buena... porque venía su hija...". Broma quizá, pero refleja que no tenía más que decir.
Veracruz es una entidad con un enorme potencial turístico, pero que requiere estrategias sólidas para aprovechar sus recursos naturales y culturales. La ausencia de un liderazgo que abandere y conozca el sector podría significar un retroceso en la promoción del estado como destino turístico.
Con su salida, queda en el aire la pregunta de quién tomará las riendas de la Secretaría y si esta vez se privilegiará el perfil técnico sobre el político. En ambos temas, Nena de la Reguera era una neófita.
En el caso de Adriana Muñoz Cabrera, su dimisión responde a una aspiración política: buscar una posición en el Ayuntamiento de Veracruz dentro de la planilla de Morena.
Su salida también deja ver la reconfiguración que ya se está operando dentro del partido oficialista de cara a las próximas elecciones locales.
La comunicación social es una pieza clave en cualquier gobierno, pues define la narrativa y la percepción ciudadana sobre la administración. El relevo en este cargo podría marcar un cambio en la estrategia mediática de Nahle, en un momento en el que la gestión estatal necesita consolidar su imagen ante la opinión pública.
La gobernadora Nahle ha insistido en que Veracruz está avanzando en temas clave como infraestructura, educación y turismo, destacando reuniones con la Secretaría de la Función Pública y el sector energético.
Las renuncias tempranas en una administración no son en sí mismas un problema, pero pueden ser una señal de alerta si se vuelven recurrentes o si afectan áreas clave.
El reto para Nahle no es solo reemplazar a las funcionarias salientes, sino asegurarse de que las nuevas designaciones respondan a las necesidades de un estado con grandes desafíos.
El mensaje que envíe en los próximos meses será determinante para consolidar su liderazgo o dar argumentos a quienes critican su capacidad de gobernanza.
Veracruz necesita estabilidad, estrategias bien definidas y resultados tangibles.
"Vamos muy bien", expresó la gobernadora, "y estamos trabajando para cumplirle a Veracruz".
Ayer, con una presencia pírrica de sectores importantes en la ciudad, arrancó la Colecta Anual de la Cruz Roja, delegación Coatzacoalcos.
Y se dice pírrica porque no se observó la presencia de actores políticos y sociales que podrían incidir de manera eficaz en mejorar las condiciones de la benemérita institución.
Dueños o rectores de universidades, presidentes de cámaras o del sector industrial y muchos de los políticos que hoy en día andan en campaña no aparecieron. Se desconoce si no fueron invitados o si simplemente no quisieron asistir.
Por lo pronto, ayer se lanzó una apuesta del presidente del Consejo de Administración de la Cruz Roja Mexicana en Coatzacoalcos, Jorge Fernández Franco, de solicitar a diez empresas privadas una aportación mensual de cinco mil pesos para solventar la nómina de los paramédicos. Esto es un reflejo alarmante del estado financiero de la benemérita institución.
Pero más allá de un problema administrativo o de financiamiento, esta situación desnuda una realidad preocupante: el abandono de las instituciones de asistencia social y la falta de un esquema de sostenibilidad que garantice su operatividad a largo plazo.
Si bien la iniciativa de involucrar al sector privado puede representar un alivio momentáneo, la dependencia de estas aportaciones no resuelve el problema de fondo. Ayer, al menos una empresa ya aceptó. Faltan nueve.
La Cruz Roja es una institución fundamental para la atención de emergencias y desastres, pero su financiamiento no debería quedar sujeto a la buena voluntad empresarial. La falta de recursos ha llevado a deficiencias graves: ambulancias insuficientes, deudas con la CFE por más de 700 mil pesos y un hospital con espacios en desuso, incluyendo un quirófano cerrado desde hace años.
El llamado a la solidaridad de empresarios y ciudadanos es válido, pero también lo es exigir a las autoridades un esquema de apoyo financiero estructurado.
La Cruz Roja, aunque autónoma, cumple funciones que el Estado debería garantizar.
Es imperativo que el nuevo patronato implemente estrategias de autosuficiencia financiera.
La renta de espacios, la optimización administrativa y una gestión eficiente de donativos podrían marcar la diferencia.
Sin embargo, también es crucial que el gobierno explore esquemas de financiamiento mixto y garantice incentivos fiscales para quienes aporten a la institución.
Coatzacoalcos enfrenta un reto que es también una oportunidad: repensar el modelo de sostenibilidad de la Cruz Roja y garantizar que su operatividad no dependa solo de la buena voluntad, sino de un esquema financiero viable y a largo plazo.
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